en escalada

El río que no grita

La calma invade el cañón del río Gritos después del jaleo caótico de un fin de semana cualquiera en el barranco. Después, todo cambia en Valeria. El ruido de las furgonetas y el rumor de los escaladores da paso al hipnótico crujir de las pisadas sobre la tierra helada, y el viento de invierno suena a oración, a letanía machacona que hiela las mejillas,  y los escaladores se transforman en buitres curiosos que sobrevuelan las paredes extrañados del envolvente silencio. El río marcha tranquilo por la hoz, pausado y callado. No grita, susurra su melodía en los días sordos donde el tiempo asume el protagonismo y la hoz se torna en calma. Son días de comunión y paseo donde refugiarse tras la cámara y pasearse sin ansias, entre piedras calladas y bloques a los que gatear buscando un angulo que quizás plasme la tranquilidad que ahora si reina.

Ahora lo entiendo, tras el objetivo lo veo mas claro, la hoz del río Gritos es la hoz del silencio, la hoz donde disfrutar de los dias diáfanos, pues el ruido de la ciudad regresará disfrazado de sábado y Domingo.